Notas de la cárcel: enero de 1964

 Enero, 1964

Naguib Mahfouz in al-Katib: “Cuando la novela estaba interesada en la vida en sí, el estilo tradicional era el más apropiado. La personalidad humana surgía con todo detalle. Cuando vivir se convierte en algo problemático, la persona no puede seguir siendo una persona en particular si no un ser humano sin más… los detalles se desvanecen junto con la narrativa, y el dialogo ejerce dominio sobre todos los otros aspectos…cuando un hombre se encuentra cara a cara con su destino, los detalles pierden su valor.”

El único compromiso esencial del arte es la verdad.

Sexo y moralidad en los Estados Unidos, Time Magazine:

-La frase de Hemingway se ha convertido en una ley moral: “El acto moral es aquel que te hace sentir bien tras su realización y el inmoral es aquel que te hace sentir mal.”

-Es parte y síntoma de una era en la cual la moralidad es considerada algo privado y relativo. El placer parece más un derecho constitucional que un privilegio, y la abnegación es vista más como una necedad que como una virtud.

-Pasados los días de su enérgico discurso sobre la libertad sexual, el comunismo se ha convertido en el impulso principal del puritanismo en el mundo entero.

-Las chicas de Radcliffe piensan que besuquearse es algo sucio ya que excita el deseo sin satisfacerlo. Las relaciones sexuales constituyen por lo tanto un acto más virtuoso.

-La nueva libertad sexual en estados unidos no es necesariamente liberadora…el nuevo gran pecado de hoy en día no es entregarse al deseo, si no, no entregarse a él de manera completa y fructífera. Si bien la satisfacción sexual se ha visto incrementada para muchos, la manía competitiva de demostrase uno a sí mismo que es una maquina sexual en funcionamiento perpetuo puede hacer a otros sentirse neuróticamente culpables, y en consecuencia frígidos o impotentes.

El artículo de Sartre sobre la película Soviética La infancia de Iván, en Les Lettres Françaises, la revista literaria de del partido comunista francés: “Las mejores producciones realistas de corte socialista nos han dado, sobre todo, héroes complejos y repletos de matices; han exaltado sus méritos y al mismo tiempo no se han olvidado de señalar algunas de sus debilidades. En realidad no se trata de un proceso en el cual se miden los vicios y las virtudes del héroe si no de uno en el que se lleva a discusión al heroísmo en sí. No para negarlo, si no para entenderlo.”

Instrucciones para rechazar un premio

Sonallah Ibrahim es un escritor comprometido y coherente. Su compromiso y su coherencia no solo se han reflejado en su literatura, sino también en su vida personal. Por ello fue encarcelado durante el régimen de Nasser (él era un comunista que se oponía a algunas de sus medidas, especialmente a aquellas en las que se adivinaba un ramalazo autoritario del presidente populista). Ibrahim fue liberado como medida de gracia por la visita de Krushchev en 1964 para la inauguración de la presa de Aswan. Esa experiencia en la cárcel fue el detonante de la escritura de Ese olor y de algunas obras posteriores y creó en él una conciencia social de la que nunca se ha apartado.

Posteriormente se opuso a muchas de las medidas del régimen de Mubarak y aún hoy sigue defendiendo los derechos del pueblo egipcio liderando algunos de los movimientos sociales que se han desarrollado en los últimos años para, primero, derrocar a Mubarak y, segundo, derrocar a los Hermanos Musulmanes. Algunas de sus opiniones tanto políticas como literarias pueden verse en esta excelente entrevista que concedió en 2011.

Pero el episodio de protesta más conocido en la vida de Sonallah Ibrahim es su rechazo del Premio al Novelista Árabe que le concedió el gobierno de Mubarak en el año 2003 y en cuyo jurado había miembros de diversas naciones árabes.

Todo ocurrió el 22 de octubre de 2003 a las 7 de la tarde en la Casa de la Ópera Egipcia. Se clausuraba la segunda conferencia internacional sobre literatura árabe que había sido dedicada al profesor Edwuard Said. Entonces era cuando se haría público el nombre del ganador del Premio al Novelista Árabe, para lo cual debía deliberar un jurado del que formaban parte escritores de diferentes países árabes y todo ello auspiciado por el Ministerio de Cultura Egipcio con su ministro Faruq Husni allí presente. Tayeb Saleh, el escritor sudanés y presidente del jurado, leyó el fallo. Sonallah Ibrahim era el ganador del premio.

Pronto se oyeron algunos cuchicheos en la sala, que estaba abarrotada. Muchos se preguntaban si Sonallah aceptaría ese premio, pues ya había rechazado otros antes y había organizado algún boicot, como por ejemplo en Marruecos en contra de una visita del presidente israelí.

Sonallah subió al escenario donde estrechó la mano a los distintos miembros del jurado y recibió la medalla y el diploma que le acreditaban como ganador del premio, que además estaba dotado con 100.000 libras egipcias (unos 17.000 dólares, un premio nada desdeñable para un egipcio). Entonces comenzó su discurso. Primero, con un tono de voz triste y apagado comenzó a leer una lista extensísima de escritores árabes a los que debía sus logros como escritor. También agradeció al jurado la concesión del premio. Pero poco a poco su tono de voz fue incrementándose y el tema del discurso tomó otros derroteros, ya que Sonallah denunció la complicidad de los regímenes árabes con las políticas exteriores de Israel y Estados Unidos, ante lo cual comenzaron a escucharse aplausos en la sala. Pero ese era solo el principio, porque a continuación comenzó a atacar la política interna del país de una forma que nadie antes lo había hecho en público:

«Ya no tenemos teatro, ni cine, ni investigación científica, ni educación. Pero a cambio tenemos festivales y las mentiras de la televisión… La corrupción y el robo están en todas partes, pero a aquel que habla de ello se le interroga, se le golpea, se le tortura».
Los aplausos ya no cesaron durante su discurso. El público estaba atónito pero, al mismo tiempo, entusiasmado. Y, mientras Ibrahim seguía con su discurso, que avanzaba hacia la conclusión lógica, pues afirmó que en vista de esa «catástrofe» y de la «impotencia» de la política exterior egipcia, no tenía otra opción que rechazar el premio porque «ha sido concedido por un gobierno que, en mi opinión, carece de la credibilidad necesaria para otorgarlo».

Ibrahim trató de salir del recinto con su esposa pero los escritores jóvenes situados al fondo bloquearon la puerta y no le dejaron salir. Comenzaron a vitorearle y a abrazarle y se declararon incondicionales suyos. Ibrahim se convirtió ese día en un héroe para ellos y su discurso es hoy legendario en Egipto.

Sonallah-Ibrahim

Fotografía de Sonallah Ibrahim tomada de newyorker.com

«Sonallah Ibrahim es un autor transgresor».

Editar Ese olor nos ha permitido adentrarnos en un universo literario de gran riqueza. Aproximarnos a la figura de su autor, Sonallah Ibrahim, es una tarea en la que estamos inmersos. En ese marco hemos entrevistado a Gonzalo Fernández Parrila, uno de los referentes en España de la traducción del árabe y los estudios literarios en esa lengua.

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Os ofrecemos una síntesis de esa entrevista:

«Sonallah Ibrahim es un autor transgresor. La transgresión en su sentido más amplio. Es una transgresión literaria en lo que respecta a una época todavía temprana, a mediados de los años sesenta, de romper las barreras entre los géneros y situarse a mitad de camino entre la novela y lo autobiográfico en un momento en el que eso todavía no era frecuente. Es también un transgresor y un rompedor en lo que se refiere a la lengua en un momento en el que todavía predominaba una lengua y escritura muy retórica. Es una lengua muy simple, voluntariamente desprovista de alardes. Y es también transgresor en cuanto a las temáticas. Entra de lleno en cuestiones que tienen que ver con lo político, con lo sexual. Y todo eso unido hacía que en aquella época fuera una bomba de relojería».

 «Creo que Ese olor es una de esas obras que podemos considerar como un clásico moderno. Es una obra, que pese a ser reciente, tiene ya el estatus de obra de referencia ineludible. Y creo que todos los escritores que se forman leyendo fundamentalmente literatura árabe, leen pronto esa novela. Es una novela de juventud en la formación de un escritor. Representa también muchas de las dificultades que algunos escritores tienen para sortear las barreras de la censura, las barreras del rechazo social, las barreras del rechazo familiar y, bueno, a pesar de ello, es un autor que persiste en esas posiciones y en esas actitudes que lo convierten también además de en un referente literario en un referente moral e intelectual. Sonallah Ibrahim  creo que ha proyectado y ha cultivado esa manera de que la literatura sea un poco más que textos escritos, que sea una manera de estar en el mundo».

 «La primera edición completa se publica en Sudán y Marruecos. Y eso significa que casi dos décadas después de su primer intento de publicación y censura en todos los confines del mundo árabe había gente de las nuevas generaciones de escritores apoyando, aunque fuera desde el anonimato, que esa novela fuera publicada íntegramente. De Sudán a Marruecos, probablemente en otros países, como Líbano, donde también hubo conatos de publicarla. Eso significa que su impacto trascendió Egipto».

Las influencias literarias de Sonallah Ibrahim

Aunque debemos estimar a los escritores por sus propios méritos, lo que incluye los temas que tratan, las tramas que crean o las particularidades de su estilo, no es menos cierto que tendemos a buscar las influencias externas sobre esos aspectos de su obra. En el caso de Sonallah Ibrahim esta búsqueda de influencias literarias revierte un mayor interés por lo novedoso de su apuesta en una literatura como la egipcia (y la árabe, en general) que hasta entonces había estado muy apegada a la tradición y que apenas reflejaba influencias externas. Con la publicación de Ese olor, este panorama cambió, ya que Sonallah Ibrahim incorporó a su escritura muchas de las nuevas técnicas literarias experimentales que estaban surgiendo por aquel entonces ―los años 60― en Europa y Estados Unidos.

Esas influencias literarias de Sonallah Ibrahim podemos recogerlas de sus propias manifestaciones y, sobre todo, de sus Notas de la cárcel que estamos publicando desde hace un tiempo en este blog. Ibrahim tuvo acceso a gran variedad de libros durante su estancia en la cárcel. Puesto que esta estaba situada en el desierto, eran los propios vigilantes, tan hastiados del lugar como los propios presos, lo que les hacían llegar los libros a los reclusos. Allí leyó Ibrahim, por ejemplo, la trilogía de Mahfuz sobre El Cairo, y fue consciente de que la literatura egipcia necesitaba esa mirada que ya Mahfuz había ensayado. Pero además pudo leer a muchos de los autores europeos y estadounidenses que por aquel entonces estaban inmersos en nuevas propuestas literarias. Una de sus mayores influencias fue Ernest Hemingway por su teoría del iceberg, que proponía que el escritor debía mostrar únicamente la fracción superior de aquello que el lector después debía interpretar. En suma, mostrar solo lo estrictamente necesario. El estilo despojado, de frases cortas y directas de Ibrahim, presenta de hecho una gran similitud con el de Hemingway. Además, según declaraciones del propio Ibrahim, la estructura de Ese olor, en la que se intercalan recuerdos del personaje protagonista en cursiva, le debe mucho a «Las nieves del Kilimanjaro», uno de los cuentos icónicos del escritor estadounidense.

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Entre las tendencias literarias europeas que influyeron a Ibrahim se encuentra la Nouveau Roman francesa, que proponía un acercamiento a la novela que rompiese los moldes habituales en los que se presentaba una narración lineal y exclusivamente de personajes. La Nouveau Roman apostaba por una mirada obsesiva sobre los objetos (de ahí que se recuerde a este movimiento sobre todo por las minuciosas descripciones de Robbe-Grillet, Butor, Sarraute o Simon), pero también trasgredían los tiempos de la narración, para lo cual insertaban numerosos saltos temporales. En este sentido es similar la estructura la novela La modificación, de Michel Butor, con Ese olor. Si en la primera es un viaje de tren el que sirve como catalizador para disparar los recuerdos en el protagonista de la novela, en Ese olor, son los paseos del personaje por las calles de El Cairo los que activan su memoria.

Hay, desde luego, otra influencia que es clara en Ese olor, y es la del existencialismo, la visión del hombre como un ser desposeído de libertad, enfrentado a la nada, un mero autómata sin responsabilidades. El estilo de Ibrahim y el tema de Ese olor están muy próximos a la obra de Camus, al que el autor egipcio leyó con atención.

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Por último, no es menor la influencia que ejerció la obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn, Una vida en la vida de Iván Denísovich, sobre Ibrahim, pues le ayudó, como comunista convencido, a abrir los ojos a la barbarie que los propios comunistas habían cometido en la Rusia de Stalin. La obra de Solzhenitsyn, que presenta una gran carga autobiográfica, narra la vida de un hombre durante un día en un campo de concentración en Rusia, una visión dura y que no se anda con rodeos, que es lo que Ibrahim ha buscado en sus diferentes obras.

Las lecturas de Ibrahim y sus influencias son vastísimas. Ha elogiado a los surrealistas, le apasiona el estilo de Virginia Woolf y nunca ha ocultado su predilección por Kafka. Por eso, hablar de influencias literarias en el caso de Sonallah Ibrahim supone una tarea titánica. Más bien, es un producto de la literatura, de la buena literatura.

Notas de la cárcel: septiembre de 1963

 

2 de septiembre, por la tarde: he soñado con mi padre. Estaba andando, y me ponía la mano en mi hombro y me abrazaba. Parecía fuerte, firme. Se quejaba de los problemas y dolores que había sufrido el año pasado. Le dije que yo había estado  sufriendo desde que cumplí los 18 años. Me hizo feliz quejarme, y esperé algún tipo de consuelo. Pero él señaló al tranvía abarrotado y dijo, sonriendo dulcemente: “Ahí van a robar a unos cuantos”, y me di cuenta de que quería cambiar de tema. Entonces desapareció y Adel H. ocupó su lugar.

(Adel H. era Adele Hussein –más tarde vicepresidente del Partido Obrero–, uno de los presos en al-Wahat. En una ocasión compartió celda conmigo.)

Caminamos juntos, con su mano en mi hombro, y entonces me empecé a quejar otra vez. Él empatizó conmigo, y cuando alcanzamos un campo de juego, se fue. Me enfadé, porque me había estado escuchando solo para que lo acompañara a aquel campo de juego, no porque estuviera especialmente interesado en lo que le estaba diciendo. Me largué y me llevé su toalla como venganza. Me desperté y me alegré de haber visto a mi padre. Recuerdo el placer, la alegría; me reconfortaba haber sido capaz de quejarme y de tener su apoyo. Pensé, si no existiera la ciencia de los sueños, qué maravilloso habría sido que me hubiera visitado el espíritu de mi padre… ¡Igual que un consuelo, que una profecía!

Leí el artículo de “La dialéctica de la Naturaleza“. Planetas en movimiento, la Tierra enfriándose, estableciendo las condiciones aptas para la vida, la primera célula, los vertebrados, el ser humano, el ser humano en su estado más avanzado, la extinción de la Tierra (su enfriamiento, su colapso en el Sol), la persistencia de la materia en formas alternativas en un universo infinito. El argumento de una gran novela.

Al faro, de Virginia Woolf, me ha abierto un nuevo horizonte… Su idea del arte se parece a la que da la pintora en la novela: «una deseaba, pensó, hundiendo su pincel deliberadamente, estar en un nivel ordinario de las cosas, sentir simplemente que eso es una silla, eso una mesa, y aun así, y al mismo tiempo,  un milagro, un éxtasis». Esto es lo que Woolf hace en la novela, manejando todo lo que es simple, corriente, cotidiano. Escribe por arte de magia, elegante y sencillo, sin artificios: «Pero él no preguntaba nada a los demás. Se sentaba y miraba la isla, y probablemente pensaría en que morimos solos, o tal vez pensara “lo he conseguido, lo he encontrado”; pero no dijo nada.»