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Entrevista a Gonzalo Fernández Parrilla

Gonzalo Fernández Parrilla, arabista, ex director de la Escuela de Traductores de Toledo y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, compartió con nosotros algunas reflexiones sobre Sonallah Ibrahim y Ese Olor.
(Agradecemos a Antonio Fernández Oliva la ayuda prestada para la edición de este vídeo).

Presentación de Ese olor en la cárcel de Navalcarnero

El sábado 31 de mayo presentamos Ese olor  en la cárcel de Navalcarnero. El Aula de Cultura de la ONG Solidarios para el Desarrollo nos sirvió de marco para el encuentro con un grupo de reclusos de este penal madrileño.

Charlamos sobre el proceso de traducción y edición de la primera obra de Sonallah Ibrahim, los acontecimiento históricos y la realidad sociopolítica que rodearon el nacimiento de esta novela en la cárcel de Al Wahat, en un desierto de Egipto en los primeros años de la década de 1960.

La lectura colectiva de algunos fragmentos de la novela, la atención y el entusiasmo de los participantes nos acompañaron en este acto de justicia poética. Nuestro deseo es que el eco de las voces de estos presos llegue hasta Sonallah Ibrahim con la esperanza de que otra forma de hacer cultura, en las cárceles y en las calles, sea posible.

«Sonallah Ibrahim es un autor transgresor».

Editar Ese olor nos ha permitido adentrarnos en un universo literario de gran riqueza. Aproximarnos a la figura de su autor, Sonallah Ibrahim, es una tarea en la que estamos inmersos. En ese marco hemos entrevistado a Gonzalo Fernández Parrila, uno de los referentes en España de la traducción del árabe y los estudios literarios en esa lengua.

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Os ofrecemos una síntesis de esa entrevista:

«Sonallah Ibrahim es un autor transgresor. La transgresión en su sentido más amplio. Es una transgresión literaria en lo que respecta a una época todavía temprana, a mediados de los años sesenta, de romper las barreras entre los géneros y situarse a mitad de camino entre la novela y lo autobiográfico en un momento en el que eso todavía no era frecuente. Es también un transgresor y un rompedor en lo que se refiere a la lengua en un momento en el que todavía predominaba una lengua y escritura muy retórica. Es una lengua muy simple, voluntariamente desprovista de alardes. Y es también transgresor en cuanto a las temáticas. Entra de lleno en cuestiones que tienen que ver con lo político, con lo sexual. Y todo eso unido hacía que en aquella época fuera una bomba de relojería».

 «Creo que Ese olor es una de esas obras que podemos considerar como un clásico moderno. Es una obra, que pese a ser reciente, tiene ya el estatus de obra de referencia ineludible. Y creo que todos los escritores que se forman leyendo fundamentalmente literatura árabe, leen pronto esa novela. Es una novela de juventud en la formación de un escritor. Representa también muchas de las dificultades que algunos escritores tienen para sortear las barreras de la censura, las barreras del rechazo social, las barreras del rechazo familiar y, bueno, a pesar de ello, es un autor que persiste en esas posiciones y en esas actitudes que lo convierten también además de en un referente literario en un referente moral e intelectual. Sonallah Ibrahim  creo que ha proyectado y ha cultivado esa manera de que la literatura sea un poco más que textos escritos, que sea una manera de estar en el mundo».

 «La primera edición completa se publica en Sudán y Marruecos. Y eso significa que casi dos décadas después de su primer intento de publicación y censura en todos los confines del mundo árabe había gente de las nuevas generaciones de escritores apoyando, aunque fuera desde el anonimato, que esa novela fuera publicada íntegramente. De Sudán a Marruecos, probablemente en otros países, como Líbano, donde también hubo conatos de publicarla. Eso significa que su impacto trascendió Egipto».

Las influencias literarias de Sonallah Ibrahim

Aunque debemos estimar a los escritores por sus propios méritos, lo que incluye los temas que tratan, las tramas que crean o las particularidades de su estilo, no es menos cierto que tendemos a buscar las influencias externas sobre esos aspectos de su obra. En el caso de Sonallah Ibrahim esta búsqueda de influencias literarias revierte un mayor interés por lo novedoso de su apuesta en una literatura como la egipcia (y la árabe, en general) que hasta entonces había estado muy apegada a la tradición y que apenas reflejaba influencias externas. Con la publicación de Ese olor, este panorama cambió, ya que Sonallah Ibrahim incorporó a su escritura muchas de las nuevas técnicas literarias experimentales que estaban surgiendo por aquel entonces ―los años 60― en Europa y Estados Unidos.

Esas influencias literarias de Sonallah Ibrahim podemos recogerlas de sus propias manifestaciones y, sobre todo, de sus Notas de la cárcel que estamos publicando desde hace un tiempo en este blog. Ibrahim tuvo acceso a gran variedad de libros durante su estancia en la cárcel. Puesto que esta estaba situada en el desierto, eran los propios vigilantes, tan hastiados del lugar como los propios presos, lo que les hacían llegar los libros a los reclusos. Allí leyó Ibrahim, por ejemplo, la trilogía de Mahfuz sobre El Cairo, y fue consciente de que la literatura egipcia necesitaba esa mirada que ya Mahfuz había ensayado. Pero además pudo leer a muchos de los autores europeos y estadounidenses que por aquel entonces estaban inmersos en nuevas propuestas literarias. Una de sus mayores influencias fue Ernest Hemingway por su teoría del iceberg, que proponía que el escritor debía mostrar únicamente la fracción superior de aquello que el lector después debía interpretar. En suma, mostrar solo lo estrictamente necesario. El estilo despojado, de frases cortas y directas de Ibrahim, presenta de hecho una gran similitud con el de Hemingway. Además, según declaraciones del propio Ibrahim, la estructura de Ese olor, en la que se intercalan recuerdos del personaje protagonista en cursiva, le debe mucho a «Las nieves del Kilimanjaro», uno de los cuentos icónicos del escritor estadounidense.

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Entre las tendencias literarias europeas que influyeron a Ibrahim se encuentra la Nouveau Roman francesa, que proponía un acercamiento a la novela que rompiese los moldes habituales en los que se presentaba una narración lineal y exclusivamente de personajes. La Nouveau Roman apostaba por una mirada obsesiva sobre los objetos (de ahí que se recuerde a este movimiento sobre todo por las minuciosas descripciones de Robbe-Grillet, Butor, Sarraute o Simon), pero también trasgredían los tiempos de la narración, para lo cual insertaban numerosos saltos temporales. En este sentido es similar la estructura la novela La modificación, de Michel Butor, con Ese olor. Si en la primera es un viaje de tren el que sirve como catalizador para disparar los recuerdos en el protagonista de la novela, en Ese olor, son los paseos del personaje por las calles de El Cairo los que activan su memoria.

Hay, desde luego, otra influencia que es clara en Ese olor, y es la del existencialismo, la visión del hombre como un ser desposeído de libertad, enfrentado a la nada, un mero autómata sin responsabilidades. El estilo de Ibrahim y el tema de Ese olor están muy próximos a la obra de Camus, al que el autor egipcio leyó con atención.

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Por último, no es menor la influencia que ejerció la obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn, Una vida en la vida de Iván Denísovich, sobre Ibrahim, pues le ayudó, como comunista convencido, a abrir los ojos a la barbarie que los propios comunistas habían cometido en la Rusia de Stalin. La obra de Solzhenitsyn, que presenta una gran carga autobiográfica, narra la vida de un hombre durante un día en un campo de concentración en Rusia, una visión dura y que no se anda con rodeos, que es lo que Ibrahim ha buscado en sus diferentes obras.

Las lecturas de Ibrahim y sus influencias son vastísimas. Ha elogiado a los surrealistas, le apasiona el estilo de Virginia Woolf y nunca ha ocultado su predilección por Kafka. Por eso, hablar de influencias literarias en el caso de Sonallah Ibrahim supone una tarea titánica. Más bien, es un producto de la literatura, de la buena literatura.

«Sonallah tiene una capacidad enorme para desdramatizar la existencia».

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Hace unos días tuvimos la oportunidad de charlar con Pedro Martínez Montávez, uno de los grandes arabistas españoles y todo un pozo de sabiduría. Nos habló de la cultura árabe, de su pasión por la literatura egipcia y de cómo conoció a Sonallah Ibrahim. Os ofrecemos un adelanto de la entrevista, donde el prestigioso intelectual jiennense rememora su encuentro, una tarde a finales de los 80 en El Cairo, con el autor de Ese olor:

“Lo conocí durante un viaje mío a Egipto. Yo ya había leído algo sobre Sonallah, había leído precisamente Ese olor, y empezaba a interesarme. Hice todo lo posible por conocerle. Estuvimos en su casa, en la parte de Heliópolis, una zona bien urbanizada, pero no de las más aristocráticas ni de las más lujosas. Pasamos toda la tarde hablando.”

“Sonallah es un tipo encantador, encantador. Cosa no difícil entre los egipcios, porque los egipcios son encantadores. Tienen una afabilidad que te gana desde un primer momento. Tienen una capacidad enorme para desdramatizar la existencia, siendo ellos como son, profundamente dramáticos, porque sienten muy en lo profundo. Una capacidad enorme para situar lo que ellos sufren en un segundo plano. Y tú tienes que hacer un esfuerzo enorme para profundizar en ellos, para taladrarlos. Si lo haces lo consigues. Si no, no lo conseguirás nunca.”

“Es un hombre muy fino, menudo. Tiene ese tinte un tanto cobrizo que con facilidad se da en los egipcios. Sonallah era, es un hombre muy firme en sus ideas, en sus preferencias, en sus principios. No alardeaba de lo que decía, ni mucho menos. Es una persona que se expresa con mucha firmeza, pero al mismo tiempo con bastante humildad y modestia. No es una estrella literaria ni mucho menos, ni nunca ha buscado serlo. Era un firme defensor de las libertades, como lo ha sido siempre. Tenía una formación marxista clarísima, y estaba absolutamente en contra del régimen.”

Muy pronto publicaremos la entrevista completa con Pedro Martínez Montávez.