Las influencias literarias de Sonallah Ibrahim

Aunque debemos estimar a los escritores por sus propios méritos, lo que incluye los temas que tratan, las tramas que crean o las particularidades de su estilo, no es menos cierto que tendemos a buscar las influencias externas sobre esos aspectos de su obra. En el caso de Sonallah Ibrahim esta búsqueda de influencias literarias revierte un mayor interés por lo novedoso de su apuesta en una literatura como la egipcia (y la árabe, en general) que hasta entonces había estado muy apegada a la tradición y que apenas reflejaba influencias externas. Con la publicación de Ese olor, este panorama cambió, ya que Sonallah Ibrahim incorporó a su escritura muchas de las nuevas técnicas literarias experimentales que estaban surgiendo por aquel entonces ―los años 60― en Europa y Estados Unidos.

Esas influencias literarias de Sonallah Ibrahim podemos recogerlas de sus propias manifestaciones y, sobre todo, de sus Notas de la cárcel que estamos publicando desde hace un tiempo en este blog. Ibrahim tuvo acceso a gran variedad de libros durante su estancia en la cárcel. Puesto que esta estaba situada en el desierto, eran los propios vigilantes, tan hastiados del lugar como los propios presos, lo que les hacían llegar los libros a los reclusos. Allí leyó Ibrahim, por ejemplo, la trilogía de Mahfuz sobre El Cairo, y fue consciente de que la literatura egipcia necesitaba esa mirada que ya Mahfuz había ensayado. Pero además pudo leer a muchos de los autores europeos y estadounidenses que por aquel entonces estaban inmersos en nuevas propuestas literarias. Una de sus mayores influencias fue Ernest Hemingway por su teoría del iceberg, que proponía que el escritor debía mostrar únicamente la fracción superior de aquello que el lector después debía interpretar. En suma, mostrar solo lo estrictamente necesario. El estilo despojado, de frases cortas y directas de Ibrahim, presenta de hecho una gran similitud con el de Hemingway. Además, según declaraciones del propio Ibrahim, la estructura de Ese olor, en la que se intercalan recuerdos del personaje protagonista en cursiva, le debe mucho a «Las nieves del Kilimanjaro», uno de los cuentos icónicos del escritor estadounidense.

Imagen

Entre las tendencias literarias europeas que influyeron a Ibrahim se encuentra la Nouveau Roman francesa, que proponía un acercamiento a la novela que rompiese los moldes habituales en los que se presentaba una narración lineal y exclusivamente de personajes. La Nouveau Roman apostaba por una mirada obsesiva sobre los objetos (de ahí que se recuerde a este movimiento sobre todo por las minuciosas descripciones de Robbe-Grillet, Butor, Sarraute o Simon), pero también trasgredían los tiempos de la narración, para lo cual insertaban numerosos saltos temporales. En este sentido es similar la estructura la novela La modificación, de Michel Butor, con Ese olor. Si en la primera es un viaje de tren el que sirve como catalizador para disparar los recuerdos en el protagonista de la novela, en Ese olor, son los paseos del personaje por las calles de El Cairo los que activan su memoria.

Hay, desde luego, otra influencia que es clara en Ese olor, y es la del existencialismo, la visión del hombre como un ser desposeído de libertad, enfrentado a la nada, un mero autómata sin responsabilidades. El estilo de Ibrahim y el tema de Ese olor están muy próximos a la obra de Camus, al que el autor egipcio leyó con atención.

Imagen

Por último, no es menor la influencia que ejerció la obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn, Una vida en la vida de Iván Denísovich, sobre Ibrahim, pues le ayudó, como comunista convencido, a abrir los ojos a la barbarie que los propios comunistas habían cometido en la Rusia de Stalin. La obra de Solzhenitsyn, que presenta una gran carga autobiográfica, narra la vida de un hombre durante un día en un campo de concentración en Rusia, una visión dura y que no se anda con rodeos, que es lo que Ibrahim ha buscado en sus diferentes obras.

Las lecturas de Ibrahim y sus influencias son vastísimas. Ha elogiado a los surrealistas, le apasiona el estilo de Virginia Woolf y nunca ha ocultado su predilección por Kafka. Por eso, hablar de influencias literarias en el caso de Sonallah Ibrahim supone una tarea titánica. Más bien, es un producto de la literatura, de la buena literatura.